Hace un año no tenía blog, y me representa todo un enigma saber en qué gastaba el tiempo libre que ahora gasto acá.
Este post opera más que nada a modo de balance. Del blog y personal.
El Autobús Trágico nació, con otro nombre (aunque EAT siempre fue mi idea original), allá por mayo de este año, cuando –por no tener nada mejor que hacer, y después de ver Blogosfera en Canal A– decidí dejar de escribir en archivos de Word, que solo yo leía, e incorporarme en el mágico mundo de Blogger. Y así, empezó el viaje mágico y misterioso.
En un comienzo, fue bastante fatídico el tema del blog y se me fueron las ganas de seguirlo. Para que se den una idea, yo soy el típico pelotudo que se espanta con solo oír la palabra proactividad. Soy esa clase de persona que tiene cero iniciativa, cero determinación, cero liderazgo y esquiva toda oportunidad de destacarse en lo que sea. Soy el típico “perfil bajo”. Esto no significa que sea un boludo equiparable a un vegetal, sino que soy demasiado indiferente con el mundo en general y no me interesa llamar la atención de nadie. (Por lo menos lo reconozco). Y así, como salame que soy, no se me ocurrió mejor idea que decirle a un compañero de universidad que abramos un blog entre los dos.
La idea era ver cómo se me daba con esto de escribir regularmente, y como el pibe era mi exacto opuesto –el típico papanatas que se la cree, que le gusta estar en el centro de todo y que, de hecho, cree que el universo y todos los cuerpos que forman parte de este determinan sus movimientos según lo que él esté haciendo– consideré conveniente realizar esta “sociedad”, que era lo que iba a permitir que yo de alguna forma “arrancara” a hacer algo, aunque sea escribir en un blog. Sumado a esto, estaba mi confianza en que Blogger no era joda. Pensaba “Esto no es para cualquier boludo” y me tiraba más atrás todavía. Así que incurrí en el plan que detallé.
Desde el principio todo fue bastante molesto. Tenía infinitas diferencias “creativas” y era un terrible dolor de bolas tener que lidiar a diario con el chabón. La culpa la tuve yo, por no quererme abrir solito un blog (tampoco era la gran cosa). Pero uno no se da cuenta de la simpleza de las cosas hasta una vez echa la cagada.
La cosa fue mutando y el que le restó importancia al blog finalmente fui yo. No quería saber más nada, ni con el blog ni con este pibe. Y así fue que, en una infinita muestra de su benevolencia (al menos así se lo figuró él), me “cedió” el espacio para que yo “haga lo que quiera”. Se preocupó demasiado, era tan fácil como abrirme un blog nuevo y a la mierda. Y en cualquier momento lo iba a hacer, eso está fuera de discusión.
A todo esto, un comentario al margen. En el hipotético caso de que un día un rayo me dé directo en la cabeza, me despierte convertido en un genio, empiece a escribir nada más que genialidades (soñar no cuesta nada) y me comience a llover reconocimiento y dinero, este zopenco va a aparecer pidiendo que se le reconozca su influencia en mi “trabajo”. ESTA te voy a reconocer. BOLUDO! Cómo si te debiese algo.
Pero bueno. To make a long story short, el tipo en cuestión estaba (cómo decirlo?) loquito. Resultó ser de esas personas que termina obsesionada y se dedica a fastidiarle la vida a todos aquellos que no le siguieron la corriente. Se peleó con todo el mundo y ahora media universidad lo odia. Como para que se entienda lo que era/es el flaco. El universo me dio la razón.
Volvamos al punto, pues me extendí demasiado para hablar de los orígenes del blog.
Balance.
Hoy termina el año y quedan 43 post. Espero haber mejorado desde el primero hasta este último que estoy escribiendo. Espero haber dicho algo coherente en todo este tiempo, haber escrito algo de su agrado (a usted me refiero, a quien lee). Espero haberle provocado alguna sensación (buena o mala, pero genuina al fin), haberle hecho quedarse pensando, haberle movido algo en su interior (me conformo incluso con haber sido su Activia y haberle acelerado el tránsito intestinal). Espero haber cambiado algo, por más mínimo que sea.
En términos personales, fue un año normal. Un embole regular. Mal año para el amor, pero qué se puede hacer. La familia óptima, no me puedo quejar. Las amistades, siempre están. Lo académico: 6 materias metidas, a razón de un promedio general de 8,5 (paupérrimo, dadas mis posibilidades reales en materia de tiempo y neuronas). Campeón (de bronce, pero campeón al fin!) junto a mi equipo, en el torneo interno de fútbol de la universidad. Más literatura leída (no demasiada), menos salidas y borracheras (las echo de menos). Más y menos, de lo mismo de antes. No se me ocurren otras cosas que sopesar. Pero el resultado final de la balanza es más que positivo. Porque una cosa tiró demasiado para el lado de lo positivo. Quien les escribe, cumplió una de las metas más importantes de su vida: ver en vivo y en directo a un Beatle. Ver a un ídolo de esos que pensás nunca vas a poder ver. Yo vi a Paul… Fua. Yo le grité “Geeeeeenioooooooo!”. Dudo que me haya escuchado, pero yo le grité. Porque yo estuve ahí. Cuesta creerlo, pero estuve ahí… de verdad. Cada uno tiene sueños en la vida, y éste era uno de los míos. Y lo pude cumplir.
Por estas y otras cosas, este ha sido un buen año. Y vaya que lo fue. Habrá que ver dónde estaremos de aquí a un año más. Pero esto queda como documento para comparar.
Tiempo de terminar. A quién haya leído este pergamino, un sincero agradecimiento por gastar su tiempo en esto. Lamento decirle que podría haberse comido un pan dulce o haberse bajado una botella del más fino champagne en vez de patinarse media hora en esta lectura.
Gracias también a los que se subieron al autobús, y a los que alguna vez pasaron y comentaron. Y a los que anduvieron un rato y pensaron “Que blog más choto”, gracias igual. (Aunque les digo: La tienen adentro).
Listo, no más.
Terminen bien este año! Y arranquen el nuevo mucho mejor!
Nos leemos luego.
Nico.

This obra by Nikolai is licensed under a Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported License.