martes, 15 de junio de 2010

Estático

Gatitos siameses blancos
con ojos que pinchan cuando te miran.
Con sus patitas arriba y sus garras opacas
señalan la vida que nunca supimos tener.

Caracoles dormidos nos cuidan,
como dibujados fuera de un tiempo que no le es propio,
al frío del hierro que recorre tu pared.
Un muro de musgo vestido en verde inglés.

El dragón aún yace inmóvil
ahogado en su propio cuento,
muerto en el patio
con el fuego que tiembla y suplica vivir.

La destrucción después de las risas.
Y alguien debe limpiar el desorden.
El caos no se va a volver armonía,
al menos no por nosotros.

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