No soy activista ni nada, mi falta de compromiso total con cualquier causa lo impide. Pero si hay algo que me molesta es que la gente agarre sus desperdicios y los tire ahí nomás; en la calle, en la vereda, en cualquier lugar menos en un cesto. Me molesta, y mucho.
Hoy, cuando volvía a casa, veo a un flaco que baja de su auto con un cigarrillo y lo tira directamente en la calle. Me dio bronca. Y repito, yo no soy EL ecologista. Seguro hago un montón de cosas que provocarían la ira de Greenpeace. Pero no hace falta formar parte de ninguna ONG pro-medioambiente como para darte cuenta de que no tenés que llenar la calle de basura. Así no es la cosa. Pero claro, es lo más cómodo. Y nosotros, en eso, somos los mejores.
Muuuuuucha gente se la da de “civilizada” y juzgan los actos ajenos con unos aires de tal superioridad moral. Son todos Madres Teresa. Pero a la hora de tirar cosas en la vereda no tienen ningún problema. “Es un papel nomás”, te dicen cuando vos “rompés las bolas” con que lo levanten y se lo guarden o lo tiren en algún tacho. Un papel nomás. Pero, un “papelito” por pelotudo (perdón, quise decir “por persona”) y estaríamos hasta la nuca de mugre. En realidad, ya lo estamos. Estamos hasta la nuca de basura en la calle.
A veces pienso en que estaría bueno que la gente se ponga a levantar todos los papeles tirados, para ver cuánto se junta (y de paso limpiamos un poco). Capaz así, se darían cuenta de lo sucios que son. Por ahí cambiarían de hábitos. Aunque lo dudo, y nunca lo voy a poder saber con certeza.
Supongamos. Cuántas cosas, cuando uno se pone a filosofar allá arriba (en la estratósfera), tienen verdadero sentido en este mundo? Y no hace falta ninguna substancia loca como para poder plantearse estas cosas. Me arriesgo a decir que todos, alguna vez, nos pusimos a pensar en todo lo que existe, más allá de su existencia misma. Es complicado, algunos me entenderán.
El tema es que cuando uno se plantea el orden normal de las cosas, en un plano fuera de esta normalidad, nota que varias acciones no tienen sentido o por ahí no tienen el sentido que le solemos dar. Y llegas a una conclusión del tipo “Que al pedo que es esto en realidad”. Pero como no estamos los 7 días de la semana, las 24 horas del día, filosofando de esta forma, seguimos haciendo estas cosas sin meditar mucho al respecto.
Y si hacemos todo eso, que al final no tiene mayor finalidad que la que la “normalidad” constantemente le otorga: por qué no cuidarnos de tirar basura en el piso? De última, el mundo (La Tierra) es lo único que persiste a través del tiempo. Y no gracias a ustedes!
Hay que ponerse en actitud de señorita de 2do grado y decir “Vos, en tu casa: tirás los papelitos en el piso? (Y si me contestás que sí, solo para contradecirme, consta que sos bastante forro/a). No, no? Well, guess what! El planeta también es tu casa. O sobre qué te pensás que está apoyado tu lindo hogar?
Todo esto para qué? se preguntarán. Para contar algo que me pasó hace poco. El año pasado ya, noviembre de 2010.
Había salido de la universidad temprano, tipo 8 y media p.m., y estaba esperando el segundo bondi para volver a casa. El lugar tiene bastante movimiento; en la cuadra de en frente (en diagonal) están todas las paradas de colectivo. Yo, estaba apoyado contra la pared del bar que da a mi parada, y por la calle (entre el resto de los autos) aparece una camioneta bastante presuntuosa. Se baja la ventanilla, y el buen hombre que conducía saca con su manito una hermosa (y cargada) bolsa de Mcdonald’s que suelta en medio de la calle. Lo más objetable no fue el suceso en sí, sino la actitud del tipo. La soltó con una naturalidad que daba ganas de agarrar un tacho de basura y vacíarcelo en el capó de su super camioneta. Típico salame agrandadillo, peinado con gel, y con lentes oscuros en plena noche que, gracias al vehículo que maneja, se la da de capo.
Pasó. El tránsito siguió y la bolsa quedó ahí.
En ese momento noté que hacía bastante calor. Calor de noviembre, pero calor al fin. Yo seguía en mi plan de esperar el bondi, mientras que maldecía al “hombre de la bolsa”.
En eso, aparece una señora que venía de hacer las compras. No le presté atención. Del embole, revoleaba los ojos de acá para allá y me di cuenta de algo. La señora se había frenado, y se puso en plan de refrescarse. No la culpé.
Tomaba de una latita, aunque es mucho más normal ver a la gente tomar de botellitas. Me sorprendió. Pero ahí no se terminaba el asunto. La venerable ancianita no se estaba tomando cualquier cosa. Se estaba bajando una buena cerveza. “Vieja moderna” pensé. Me causó gracia.
El bondi no venía más y la vieja dale que te dale a la lata hasta que se la terminó. Y aquí lo nefasto de toda la historia. Qué hizo la señora apenas terminó su refresco? Tiró la latita ahí nomás, al lado de un arbolito, y siguió su camino. No me pude ver la cara, pero supongo que habrá sido una mezcla entre asombro y ganas de putear. Vieja sucia! Encima de borracha, mugrienta! Eso es lo que me enerva, lo mismo que con el tipo de la camioneta, que se vayan sin ninguna culpa. Total, alguien lo va a levantar. Y si queda ahí, no pasa nada.
A estas alturas, yo (que tengo suma facilidad para fantasear a lo
JD), me había imaginado toda una situación en la que me enfrentaba a la vieja en el ring de 100 % lucha y la cagaba bien a ganchos por no cuidar el medio ambiente. Aplicaba llaves por acá, golpes por allá, hasta que rendida no tuvo más que aceptar mi coup de grâce: achatarle su propia latita en la frente, de un puñetazo!
Justo vino el colectivo, y la señora ya había desaparecido. Pero, aunque sea, me fui con menos bronca; por más que haya sido en sueños, a la vieja le di una buena lección!
PD: Mr. Camioneta, no te cruces en mi camino, porque el próximo en la lista sos vos!

This
obra by
Nikolai is licensed under a
Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported License.